¿Convivencia Vial o Combate Vial?

Numerosas y creativas han sido las distintas iniciativas ciudadanas con las que la bicicleta va ganando terreno en las mentes y las calles. Sin duda alguna es un cambio al que vale la pena apostarle. A partir de los lamentables últimos accidentes ocurridos en la ciudad de Quito, por fin las autoridades han logrado salir del letargo y el desenchufe ciudadano.

Se creó una comisión mixta entre ciclistas y representantes del Municipio para, entre otras cosas, implementar una campaña de sensibilización. La primera parte de la misma, catalogada como de “shock” por sus impulsores, creativos de la comunicación, levantó más de una crítica. Consistió en colocar en vallas y en spots de TV a decenas de ciclistas tirados en las calles, simulando a los ciclistas muertos por atropello. Se ofrecieron correctivos y tomar más en cuenta la voz de los distintos colectivos de ciclistas y peatones.

Es precisamente aquí donde yace el verdadero reto: separar las distintas visiones que tienen las personas que participan de las diferentes modalidades. Ciclistas de recreación, de competencia, de movilidad cotidiana (urbanos/as), de pista, incluso de bicis estáticas. Cada uno tiene su propia visión de lo que debería ser la seguridad en las vías, en las pistas, en los gimnasios.

Quizás es aquí donde radiquen también los errores de fondo y de forma que se evidencian en la segunda etapa de la campaña Convivencia Vial del Municipio de Quito. No se han logrado separar las diferentes visiones y se han fundido todas en un collage de mensajes contradictorios. Por ejemplo, hay promotores de la campaña, ciclistas vestidos como si fueran participantes del programa COMBATE de RTS. Lycra, rodillera (colocada en los tobillos porque seguramente estorba al pedalear), coderas y maillot de competencia. Hablan de respeto al semáforo, a los pasos cebras, a los “buses”, a los carros, etc. Con razón algunas personas creen que los y las ciclistas deberían irse a los parques y los gimnasios. Se refuerza la idea de que los ciclistas andan por la calle irrespetando las señales, y de que ser ciclista urbano es en esencia “peligroso”.

Por otra parte, como se aprecia en las imágenes y sus testimonios, los chicos y las chicas si bien tienen nociones elementales para montar bicicleta, se nota que no tienen la más mínima idea de los conceptos movilidad sustentable. Sus respuestas son erráticas y poco claras. Desconocen códigos y consejos básicos del uso de la bici en la ciudad, como por ejemplo la altura del asiento. Se les encuentra solo a lo largo de los 14 km. de la Ciclo-Q , que seguro les brinda un espacio tranquilo para pedalear, pero la mayor parte de los problemas ocurren donde no llega la Ciclo-Q y los y las ciclistas están en frecuente interacción con buses y autos particulares al movilizarse desde sus casas y al trabajo.

Hemos dado un voto de confianza al Municipio y a la comisión de la que somos parte, pero sentimos que las decisiones conceptuales de esta campaña se han tomado por fuera de este espacio de interacción público – ciudadano.

Esperamos que la tercera parte de la campaña (si la hay) incluya realmente un análisis más serio y menos apurado de las verdaderas necesidades y elementos para generar la convivencia y cultura ciudadana, y que el Municipio no se deje llevar por los íconos del rating del momento.

Diego Puente Corral                                                     Belén Cuesta Albuja
Vocero                                                                             Directora

Mirar video aquí: http://youtu.be/1qpUzme3M9c

 

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De oreja a oreja, la sonrisa de las Ciclovías Recreativas en América

 

Por Diego Puente Corral
Secretario Ejecutivo CRA

Este año se cumplirán 20 años de la puesta a rodar de la primera masa crítica del mundo.  En 1992 en la ciudad de San Francisco, un par de locos amantes de la bicicleta y la ciudad, empezaron a autoconvocarse e invitar a otros a hacer lo mismo, el último viernes de cada mes en algún punto de la ciudad.  Así, y con la perseverancia propia de las personas que andan en bici, al cabo de pocos años lograban juntarse hasta 3.000 pedalistas reclamando las calles y el respeto de padecientes automovilistas.

Dos años después, casi simultánea y prodigiosamente, las voces de la Masa Crítica hacían eco en tres ciudades emblemáticas de América Latina. No resulta tan increíble imaginar que tanto en el norte, centro y sur del subcontinente, entre 1994 y 1996 nacieran en México DF, Quito y Santiago de Chile, los gérmenes de lo que hoy son los más grandes e influyentes movimientos pedaleros de la región. Es así como muchos de los paralelismos entre estas ciudades y sus movimientos pro bici, no pasan solamente por el origen ciudadano de los mismos, sus procesos, sus estrategias o sus conflictos. Tampoco se limitan a la amplitud del espectro de visiones y aproximaciones al tema.  Tanto Bicitekas en el DF (www.bicitekas.org), Jóvenes de Acción Ecológica de Quito y los Furiosos Ciclistas de Santiago (www.furiosos.cl/), fuimos tronco común para una gran cantidad de organizaciones.

Derivados de los Furiosos Ciclistas chilenos, los Arriba e’ la Chancha (www.arribaelachancha.cl/) se han abierto campo en las calles de Santiago para aportar, desde su visión y estrategia, la ampliación del movimiento cicletero. Así miso, esfuerzos individuales, no por eso menos importantes, como el blogg de Ciclismo Urbano (www.ciclismourbano.info). Finalmente en Chile, poco a poco, se logra consolidar plataformas comunes que pretenden aúnar los esfuerzos dispersos, respetar las diversidades e incidir políticamente en mejoras y beneficios para usuarios y usuarias de la bicicleta. Muestra de esto representa la CUCH (Ciclistas Unidos de Chile).

Otra vez en Quito, a partir del Grupo de Jóvenes de Acción Ecológica se crea Biciacción (www.biciaccion.org) cuyos miembros fundadores, en primera instancia, después de 7 años al frente de la masa crítica quiteña, logramos convencer a las autoridades municipales para ensayar primero, e instituir después, el tan concurrido y aceptado Ciclopaseo Semanal. Posteriormente a este punto de quiebre de la historia de la bici en la capital ecuatoriana, visiones distintas que amplían el espectro generan la creación de CiclóPolis (www.ciclopolis.ec), cuyos miembros asumimos la coordinación y administración del proyecto emblema de la ciudad. A partir de esto, y con agenda propia nuevos colectivos de corte universitario (CicloPUCE, CicloEPN), radicales (ABC), locales (El sur en Bici) o informales (Hell’s Bikers, Bitch Bikers), han ido apareciendo en el espectro cicletero quitensis. Lamentablemente, pese a los esfuerzos, en Quito todavía estamos un poco lejos de lograr articulación común entre las diferentes organizaciones.

Finalmente considero que el caso de la ciudad de México es uno de los más exitosos. No solo por la gran cantidad de actividades y organizaciones que han aparecido en los últimos años (El pueblo bicicletero, Un auto menos, A la radio en Bici, el Paseo de Todos, El balcón de la Bici, entre decenas más) y de las cuales se puede dar fé de su inmensa proactividad en las redes sociales, especialmente Twitter; sino prinicipalmente por el respeto, tolerancia y convivencia que han desarrollado entre éstas.

Por último, salvando las distancias y diferencias, los paralelismos entras nuestras ciudades, tampoco se ha limitado, a que las Chamacletas (http://chamacletas.blogspot.com/) y las Mujeres en Bici (www.facebook.com/mujeresenbici) en México; Las compañeras de Todas en Bici de CiclóPolis (http://www.facebook.com/profile.php?id=100000106378417) y Las Carishinas en Bici en Quito; así como las Macletas en Santiago, hayan abierto su propio camino en medio de la dominante visión masculina que se ha manifestado también en el movimiento cicletero regional.

Es que las similitudes cicleteras entre estas ciudades se manifiesta también en el hecho de que en las tres se han puesto en marcha jornadas permanentes de apropiación masiva y alegre de espacios públicos. El impresionante Muévete en Bici mexicano, el inspirador Ciclopaseo de Quito y la alucinante Ciclorecreovía Santiaguina han marcado hitos importantes y han cambiado la historia en cuanto al posicionamiento de la bicicleta, sus usos, beneficios y ventajas en estas ciudades.

Además de las decenas de miles de participantes que cada domingo mueven sus cuerpos y sus ciudades, las Ciclovías Recreativas son una propuesta y una apuesta ciudadana masiva que, con mucha alegría, entuiasmo, postivismo, participación y apropiación pública, han incidido irreversiblemente en el avance hacia culturas cicleteras en estos meridianos del globo.

A diferencia de varios de sus predecesores y sucesores, las Ciclovías Recreativas han apostado por darle pedal a la estrategia de la propuesta más que la protesta; más a la acción permanente y constante que a la movilización coyuntural; más a la participación lúdica que a la intervención contestaria. Por eso y por todos los días que tengo el privilegio de pedalear junto a miles de personas, aquí y allá,  puedo asegurar de primera mano, que las Ciclovías Recreativas tienen la cara más alegre y la sonrisa más amplia de la lucha cicletera en América Latina.

 Quito, 28 de febrero de 2012

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Nuevas caras, nuevos ciclos

CiclóPolis ha sido y es un proceso en constante crecimiento y evolución. Es también, a mi criterio, la expresión más actual de un movimiento ciudadano que tiene casi dos décadas de labor. Con las primeras masas críticas convocadas desde el activismo ecológico, pasando por el Ciclopaseo semanal de Quito, hasta la propuesta y construcción de la CICLO Q, quienes hemos concebido, alimentado y sostenido estas iniciativas, nos vemos avocados a plantearnos nuevos retos, así como también a renovar las ideas, las personas y a fortalecer nuestros logros institucionales.

Durante todos estos años a la vanguardia del trabajo probici en Quito, particularmente, y en Ecuador, los resultados y los avances han sido incuestionables. El Ciclopaseo en la capital, los proyectos Todas en Bici, la Copa Urbana, los Guaguas al Pedal, Al Trabajo en Bici, las Rutas y Ritos, la misma CICLO Q, son parte de una serie de acciones que, junto a las ideas y propósitos de otras organizaciones, conforman un mapa cicletero prometedor para la ciudad y el país.

Sin duda alguna es un buen momento para nuestra organización. Tan bueno que, lejos de caer en el triunfalismo y en la inmovilidad que pueden generar ciertas victorias, hemos analizado y decidido la opción de fortalecer nuestro equipo. Es así que, a partir de enero de 2012, una compañera de oficio, joven y luchadora mujer ciclista, inspiradora transeúnte del pedal, fue elegida por unanimidad en nuestra Asamblea General de miembros, como la nueva directora ejecutiva de CiclóPolis. Belén Cuesta Albuja, cofundadora del proyecto Todas en Bici, asume el reto de dirigir, por los siguientes dos años, el camino de nuestra querida fundación.

Sin embargo, esta no es una despedida. Como fundador y director saliente, mis nuevas responsabilidades van desde apoyar esta transición de manera responsable, respaldar ciertos proyectos estratégicos, desarrollar nuevas iniciatvas cicleteras en la ciudad y el país, así como también honrar la confianza que mis compañeros y compañeras de la Red de Ciclovías Recreativas de las Américas (CRA) han depositado en mí; a partir de enero, asumiré funciones como secretario ejecutivo de esta Red continental. Promover las ciclovías recreativas y el uso de la bici a nivel de América es una tarea que amerita mucho trabajo y que asumo, desde ya, con toda mi energía y dedicación.

Feliz 2012.

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Árboles, espacio público y ciudad

En Bandung, Indonesia pareciera que las calles, las aceras, las plazas y los edificios fueron construidos por debajo de un bosque, uno muy parecido a los que hay en nuestro país tanto en la zona oriental como occidental.

La presencia de árboles de gran tamaño, lianas, epífitas, así como suelos cubiertos por mucha hojarasca y humedad, brindan a esa y muchas otras ciudades ecuatoriales, la frescura, la sombra y la vida que permite sobrellevar las actividades cotidianas en situaciones de temperaturas elevadas. Tanto así que ha sido proclamada internacionalmente como la Ciudad Bosque.

Medellín, en Colombia, también hace gala de poseer una cantidad enorme de árboles de gran tamaño dominando el paisaje urbano. Las aceras, los patios de las casas, las quebradas y otros espacios entre públicos y privados contribuyen a ampliar el goce de este escenario.  Aves, lluvia, oxígeno, aromas y sonidos son los invitados especiales en los dominios de las ramas con miles de tonalidades que recrean y apaciguan la dinámica de esta pujante ciudad paisa.

En Quito, riquísima milenariamente por abundante flora nativa y centenariamente por exquisiteces vegetales ornamentales de otros mundos, la gente asiste apaciblemente al espectáculo de las podas,  técnicas o no, de sus también gigantes árboles; al relleno criminal de varias de sus quebradas como la de El Trébol, y otras perlas de la gestión urbana que, con poca o nula información pública, se “ejecuta” por toda la ciudad.

Árboles encerrados entre rejas que los convierten en basureros o urinarios; cables entre las ramas, troncos pelados, escondite de delincuentes. Estos seres vivos, que mejoran nuestra vida, son diariamente irrespetados por autoridades y ciudadanos por igual.

Pese a la desazón, no queda más que apelar al ejercicio ciudadano de vigilar, cuidar, preguntar, cuestionar y no dejar que las cosas pasen así porque sí. Actuar, defender y sembrar.

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Impuestos verdes

A pocos días del anuncio del gobierno de la intención de gravar el consumo de bolsas y botellas plásticas desechables, así como a los vehículos de más de 2.000 CC, cuya principal motivación, a decir del Presidente de la República, es la disminución del uso de estos productos, cabe reflexionar y discutir estas propuestas.

Por un lado nos parece positivo que el gobierno haya puesto en la agenda pública temas tan importantes como la generación de los desechos y la contaminación del aire, producida principalmente por las emisiones vehiculares.

En ese sentido, nos parece que la imposición de cargas tributarias a quienes consumen bolsas y botellas plásticas, tiene el afán de endosar toda la responsabilidad a la población consumidora, cuando en realidad son apenas una parte marginal de los procesos productivos. Es decir, dejar solamente en manos, o en los bolsillos, de las personas la responsabilidad de ser responsables con el ambiente puede ser un error.  ¿Qué tal si no quiero? o, si tengo la plata la suficiente como para que no me duela gastar un poco más por las mismas bolsas o botellas a las que estoy acostumbrado? ¿No estaríamos cayendo en eso de que ahora quienes tienen poder adquisitivo tienen también el derecho de contaminar más?

Cargar impositivamente a los autos más grandes que, aparentemente contaminan más, puede ser un acierto, pero vale la pena recordar que de pronto se estimule la compra de vehículos de menor tamaño y precio. Además, los impactos negativos de la circulación excesiva de vehículos no está solamente relacionada con la contaminación del aire.  La ocupación excesiva de espacios públicos, el tráfico y la pérdida de tiempo irrecuperable, el ruido y los accidentes de tránsito son otras externalidades que debería considerarse a a la hora de regular tributariamente al uso de vehículos.

También cabe preguntarse el destino de los eventuales fondos recaudados por este concepto.  Si bien se ha dicho que el fin no es recaudar más, porque los montos no serían de un orden importante para el gobierno, también se ha mencionado que se destinaría para el rubro de salud.

Creemos que es hora tomar decisiones integrales y de largo plazo. Que se distribuyan la responsabilidad de mejorar el ambiente de nuestras regiones equitativamente entre estado, empresas y ciudadanía.  Prohibir definitivamente las bolsas y botellas plásticas desechables. Desestimular el uso excesivo de vehículos motorizados. Invertir en mejorar las condiciones de movilidad de los medios más sostenibles como transporte masivo, peatonal y ciclístico; asi como el destinar los fondos de estos impuestos a otras iniciativas, etc. puede contribuir a aliviar de manera más profunda la crisis ambiental.

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Un pacto para cambiar la cara de Quito

Nuestra ciudad está cambiando de cara. A veces enlodada por tanto deslave. Otras inundada por las fuertes lluvias.  Cada mañana un tanto sucia por la contaminación. Los viernes (que pueden ser lunes o martes o miércoles o jueves), ruidosa de tanto auto paralizado en el tráfico.

Y es que resulta inédita y contradictoria esta polifacética situación de nuestra ciudad. En tan pocos años de modernidad, si bien se han logrado muchos avances en términos tecnológicos y de esperanza de vida; la vida es cada menos buena y alegre en términos de calidad.

Que exista una preocupación y una acción, en relación al tema del Cambio Climático es positivo. Que el municipio capitalino haya tomado la iniciativa de invitarnos a pensar en una estrategia quiteña para enfrentar, mitigar y  adaptarnos a sus efectos es también digno de resaltar. Podemos reconocer que en este tema Quito, lejos de quedarse adormecida, despierta a una, cada vez menos lejana,  realidad.

Debemos reconocer también que una buena parte de la ciudadanía ha contribuido a lavarle la cara a la ciudad. Los ojos abiertos de esa cara ciudadana ha sido capaz de cuestionar, de movilizar, de proponer, de cambiar y de actuar.

Cada vez somos más quienes queremos despertarnos un día, lavarnos el rostro y encarar el problema desde nuestra propia cotidianidad. El clima cambia y nos cambia. Y ojalá llegue pronto el día en que podamos, juntos y voluntariamente dejar no solo MIL, sino CIEN MIL AUTOS MENOS en casa.  Pero hagamos un PACTO, señor Municipio, incremente la red ciclovías y mejoren las condiciones de uso de bicicletas y transporte público. Un pacto es un pacto y le tomamos la palabra.

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Incapacita e inmoviliza, la ciudad que excluye y condena

Al hablar de discapacidades o, como se conoce hoy en día, capacidades diferentes, aún persiste en el discurso social la pena y la lástima. También la admiración cuando, contra todos los obstáculos, las personas que poseen alguna de estas capacidades diferentes, en demostración de perseverancia y tenacidad, se destacan y alcanzan metas solamente pensadas para personas “sin discapacidades”.

Es lamentable que en nuestras ciudades y sociedades recurramos continuamente a esta estrategia compensatoria y no reparemos en lo verdaderamente condenable.  Cuando una ciudad se planifica y se construye, sin pensar en la totalidad de sus usuarios, es ésta la que incapacita e inmoviliza a quienes la  habitan, especialmente a aquellas personas que, por cualquier razón, poseen o han adquirido una capacidad diferente.

Por otro lado, es necesario pensar, como nos lo ha dicho uno de nuestros entrevistados, que todas las personas, en cualquier momento de nuestra vida, adquiriremos una condición similar. Sea por la edad, accidente, enfermedad u otra razón, cualquiera de nosotros, podríamos llegar  ser incapacitados e inmovilizados por una ciudad y por una sociedad que no se ha preparado ni física, ni mental, ni humanamente para acogernos  en esta condición.

Si bien este tipo de exclusión social y física se ha manifestado desde hace mucho tiempo, nunca es tarde para empezar a cambiar esta situación.  Desde los distintos ámbitos de nuestra competencia, desde que diseñamos y construimos nuestras casas, o intervenimos nuestras aceras, o estacionamos nuestros vehículos, o simplemente cuando caminamos por las calles, o subimos a un bus, tenemos la oportunidad de ser diferentes y reducir la incapacidad e inmovilidad de la que hemos sido, sin querer, cómplices.  También está, por supuesto, la posibilidad de movilizarnos y exigir políticas públicas, planes y programas más específicos y urgentes para hacernos la vida más llevadera para todos nosotros, para ahora y para el futuro.

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