El ladrón de bicicletas, la película de la percepción. (20/10/08)

Boletín 79
20/10/08

El ladrón de bicicletas, la película de la percepción.

“Tuve que negociar con un ladrón y darle 40 dólares, y así evitar ser víctima,
por segunda vez en un mes, del robo de mi celular”
Nadja Burri, Octubre 2008.

Sendos carteles y anuncios invaden las paredes de barrios y comunidades alrededor del país: Ladrón cogido, ladrón quemado. ¿Cuántos de nosotros no hemos sido testigos, en directo o en diferido, de ajusticiamientos y linchamientos? Indígenas o no, justos o no, justificados o injustificados, lo cierto es que no es justo, ni se justifica, que ciudadanas y ciudadanos, vivamos la zozobra diaria de transitar por esta vida urbana o rural, en semejante estado de alerta, de desconfianza, de ¡mira para atrás!, o ¡cuidado!, o ¡ponte pilas!, que te pueden robar, golpear o matar.


La epidemia de inseguridad, que se desata, sistemáticamente, responde a muchos factores que, solos o combinados, complejizan la cuestión. Pobreza, inequidad, falta de oportunidades, pero también psicopatologías, vagancia, facilismo, odio, resentimiento social, etc. En muchos casos, se convierte hasta en el trabajo diario, en los mismos lugares y las mismas horas, de algunos funcionarios del crimen. Ya les he dicho que aquí no pueden trabajar, disputa el dueño de cierta esquina en cierta ciudad.

Hace pocos días, nos llamaron los amigos de una tienda de bicicletas. Era la segunda vez que se metían a su local a robarse lo poco que le quedaba de mercadería. Diariamente, nos escriben y nos cuentan, usuarios cotidianos de bicicletas, que son asaltados en cierta parte de la ciudad a ciertas horas.

Impotentes y tristes leemos y escuchamos, cada vez más frecuentes, historias de ladrones de bicicletas. Lamentamos que no sean las de la extraordinaria película de De Sica en la época del neorrealismo italiano, pero lo cierto es que nuestro realismo ecuatoriano nos apela a mirarnos la película desde un ángulo diferente.

A levantarse de las butacas y antes de pensar si quiera en tomar los fósforos y la gasolina, bueno sería el ejercicio de tomar ciertas precauciones, a la hora de transitar, a pie, en bici o en carro, por las esquinas con dueño de nuestra ciudad.

Si bien la responsabilidad es de las autoridades y del sistema y de la policía y de las empresas de guardianía privada que, dicho sea de paso, crecen al mismo ritmo que los delincuentes, estrecha y extraña relación entre el bien y el mal, (donde le va bien a uno le va bien al otro, léase el Evangelio Según Jesucristo de José Saramago, en la parte donde Dios tranza con el Diablo y se reparten la torta) y del gobierno y de los propietarios de grandes muros que vuelven más inseguros los espacios de todos; si bien la responsabilidad es de todos ellos, y mientras ellos no se pongan las pilas para combatir el problema desde todos sus ángulos y butacas, y no se les cambie la película, nosotros y nosotras, personas de a pie, de a bici, de a bus, no nos queda otra opción que seguirnos cuidando, mirando para atrás, evitar calles oscuras, salir en grupos, disminuir los riesgos, estar alertas, hacer las denuncias respectivas en caso de ser víctimas de robo, etc. En tal caso, que por nosotros y nosotras no falte, a menos que, claro.

Diego Puente Corral, Cristian Medrano

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